30 NOVIEMBRE 2019. BAMBERG


Nos despertamos en el Hotel National, y nos vamos en dirección al centro para buscar un sitio donde desayunar.

En la habitación hay un balcón desde el que podemos ver una panorámica de la ciudad, que es conocida como la Ciudad de las Siete Colinas de Alemania al ser fundada sobre siete montículos, al igual que Roma. Por lo visto no fue afectada por los bombardeos de la segunda guerra mundial, por lo que el casco antiguo se conserva tal y como era, y desde 1993 está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Cruzamos el LUITPOLDBRUCKE, o sea, el puente de Leopoldo, y nos topamos con una cafetería que nos engulle. Pedimos un capuccino y unos bollitos mientras vemos por unos ventanales cómo muchos grupos de gente se dirigen hacia la misma dirección en actitud de jolgorio. Entran en el café tres muchachos vestidos de vikingos, con un cuerno como de toro colgado del cinturón y una falda como escocesa y unos calcetines gordos con borlones. Debe ser también la inauguración de la navidad o algo así. 

Así que nos damos prisita y vamos hacia el centro, por una calle comercial, LANGE ST. y llegamos al edificio que de verdad caracteriza a Bamberg, el AYUNTAMIENTO. Es espectacular.

Por un guía que está con un grupo nos enteramos que Bamberg fue una de las localidades más importantes del Sacro Imperio Romano Germánico. Estaba bajo el control de los obispos, y la diócesis no dejó de crecer hasta mediados del s.XVI. Por lo visto, los vecinos le pidieron al obispo un terreno para construir un ayuntamiento, y como se negó el tío tacaño, hicieron una isla artificial, ya que el río no era de nadie, y sobre ella construyeron el ayuntamiento.

El pintoresco Altes Rathaus (1387), está construido en estilos barroco y rococó. Situado en medio del río Regnitz y unido por dos puentes al Altstadt (casco antiguo). Desde uno de los puentes vemos los frescos que lo adornan, en una de las fachadas hay un angelito que saca una pierna, que es una escultura. Una cosa un poco rara, la verdad. Tiene anexa una casa con entramado de madera unida a la torre del puente, conocida como Rottmeisterhäuschen que sirvió de alojamiento para los guardias.

Cruzamos el puente y accedemos a una preciosa calle comercial, la Karolinestrasse.Vamos paseando por las callejuelas hasta la Bamberger Dom, una imponente catedral tardorrománica. Entramos y en una columna hay un curioso caballero, el Bamberger Reiter (Jinete de Bamberg), con un porte orgulloso y elegante. La perfección de sus formas lo han convertido en uno de los símbolos de la ciudad. No se sabe muy bien qué hace subido en su caballo encima de una columna, hay quien habla de que se trata de San Esteban, patrón de Hungría (cuñado de Enrique II, el constructor de la primera catedral), pero hay quien incluso habla de que se trataría de uno de los Reyes Magos. Nos llama muchísimo la atención la cantidad de retablos (trípticos, en realidad) que hay dedicados al nacimiento de Cristo. También hay un panteón donde está enterrado un papa, Clemente II, y la preciosa la lápida sepulcral del rey Enrique II el Santo y de su esposa Cunegunda de Luxemburgo, ricamente adornada con santos y escenas profanas.

Salimos a la Domplatz. En esta plaza se encuentran edificios ilustres como el palacio Alte Hofhaltung o la Neue Residenz; el palacio episcopal con su colección de pinturas barrocas. No entramos, pero vemos un jardín que tiene sólo de rosas (ahora con los esquejes solamente). Hay una vista preciosa de los tejados y las casitas de Barmerg, todas de esas de palitos en las fachadas.

Justo enfrente de la Nueva Residencia, al otro lado de la plaza, está la Vieja Residencia de los Príncipes-Obispos, que fue también sede de los tribunales de justicia. Merece la pena entrar en el patio interior de la Vieja Residencia, alrededor del cual se distribuyen los distintos edificios medievales construidos con la siempre vistosa técnica del entramado de madera.

Tras dejar la Domplatz, el siguiente monumento imprescindible es el Kloster Michaelsberg, la Abadía de San Miguel. Pero está en restauración y no lo vemos. Bajamos por una empinada cuesta hacia las calles comerciales. Vamos teniendo hambre, así que cruzamos por la Pasarela Geyerswörth, desde la que disfrutamos de una preciosa perspectiva preciosa del ayuntamiento.

Vamos a comer a un restaurante muy concurrido. Probamos una cerveza ahumada, a la que denominan Rauchbier, de sabor ciertamente distinto al que estamos acostumbrados y que se sirve directamente desde donde ha reposado, en barriles de madera de roble que le dan a la bebida un color característico. 

Volvemos después a cruzar el río y vemos una zona conocida como Klein Venedig (Pequeña Venecia). Es la orilla derecha del río Regnitz, un poco más abajo del Viejo Ayuntamiento. Está formada por un conjunto de curiosas viviendas de pescadores, que disponen todas ellas de un pequeño patio que da directamente a la orilla, con un embarcadero. Aunque la verdad es que es precioso y muy curioso, está claro que llamarlo la Pequeña Venecia es exagerar una mijita. Luego dicen que los espñoles...

Vemos que sobre las puertas hay escrito a tiza el nombre de los tres reyes magos, no sabemos si con las edades de los niños que hay en la casa.

Pasamos por una tienda de novias donde hay una probándose un traje, a la vista de todos.
Las calles están superambientadas, y hay también muchos puestos con productos navideños. En una iglesia un coro interpreta música pop. 
.NOVIA PROBÁNDOSE EL TRAJE


volvemos al hotel por una calle muy comercial, donde nos metemos en una cafeteía la mar de mona para hacer pipi, resulta ser un club privado, y muy amablemente nos echan (aunque ya habíamos hecho pipi). 

en el mercadillo hay muchos puestos y por supuesto nos pedimos otro vino calienye para afanarnos las copas como recuerdo.






volvemos















venecia






iglesia de los belenes



letreros en las puertas para los reyes magos










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